La complicada experiencia de una madre japonesa en un hospital de Toledo

Durante el parto de sus mellizos

Hace seis años que Kanako Seno dejó atrás su Japón natal y se instaló en Toledo. Kanako se quedó en la capital de Castilla-La Mancha por amor, ciudad que también vio nacer su libro ‘Estoy en España’ donde a través del manga reflejaba el choque cultural que supuso su llegada a nuestro país.

Ahora esta japonesa se ha convertido en la protagonista de una auténtica odisea. En concreto Kanako daba a luz a sus dos hijos en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo, tal y como recoge COPE. Debido a la pandemia de COVID-19 no se permitía el acompañamiento durante los ingresos hospitalarios con el fin de evitar nuevos contagios, una medida que ha cambiado recientemente y de la que Kanako y su marido no pudieron beneficiarse.

El marido de Kanako, Fernando, detallaba a COPE que “la primera dificultad con la que nos encontramos en el Hospital de Toledo es que me dejaran estar con mi mujer para que pudiera traducirle lo que le decía el ginecólogo”. Kanako tenía un embarazo gemelar de riesgo, y puntualizaba Fernando que “parece que entiende más de lo que en realidad comprende porque los japoneses dicen mucho que sí porque digamos que para ellos es de mala educación decir mucho que no”, además añadía que “fue una batalla que me dejaran pasar durante las visitas y revisiones ginecológicas a lo largo del embarazo”.

La pareja es consciente de la especial situación que ha supuesto para la sanidad la llegada de la pandemia y comprenden la restricción de personas que deben entrar en los centros sanitarios. Pero pese a estas medidas Fernando señalaba que extremar estas precauciones no puede suponer “vulnerar el derecho del paciente a estar informado de su propia salud”.

El momento más duro fue el propio parto. La llegada al mundo de los hijos de Fernando y Kanako “fue complicada y tuvieron que llevársela porque estaba desangrándose e inconsciente y a mí me subieron a la habitación de maternidad con los dos bebés recién nacidos”, relataba. Además apuntaba que “me encontré solo durante tres días y sin poder asearme porque el baño es solo para las personas ingresadas”.

En todo este tiempo Fernando no podía marcharse ni un solo instante de la habitación del hospital porque “no podría dejar solos a mis hijos y tampoco estaba permitido que algún familiar me sustituyera”, confesaba. La llegada al mundo de los pequeños debería haber sido el instante más feliz de esta pareja, pero se tornó en una complicada odisea, ya que “durante 24 horas nadie me dijo cómo estaba mi mujer, mientras yo hacía lo que podía con los niños”, exponía Fernando.

Finalmente “una enfermera se apiadó de mi situación al día siguiente e hizo llegar a Kanako un teléfono móvil para que yo pudiera verla y explicarle que los niños estaban conmigo”, y es que “ella no sabía donde estaban los niños y si estaban bien”. Varios días después del parto la familia pudo volver a reunirse en la habitación de maternidad, pero aquí no terminaron los problemas.

Aplaudían el trabajo de los médicos para salvar la vida de Kanako, pero no comprendían la desinformación en estos momentos tan complicados. Finalmente trasladaron a Kanako a planta junto a sus bebés al tercer día, y la pareja agradecía “la profesionalidad” de los sanitarios, sin embargo reconocían que trabajan “con mucho estrés”, una situación que supuso que “olvidaran que Kanako tenía varias gasas dentro para taponar la hemorragia y le causaban mucho dolor”.

Fernando matizaba que “tuve que insistir a una ginecóloga para que por favor la explorara”, y finalmente retiraron las molestas gasas a Kanako. Tras esta odisea Fernando y Kanako disfrutan en casa de sus mellizos a quienes han puesto nombres en japonés y español como muestra de sus raíces.

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